Mi silla es ergonómica, pero mi paciencia está al borde del colapso

PRL tecnoestres

La prevención de riesgos laborales ya no se limita a evitar caídas, golpes o lesiones físicas. En un entorno cada vez más digitalizado, nuevos riesgos como el tecnoestrés, el burnout, la saturación digital o el aislamiento social están impactando en el bienestar de las personas trabajadoras. Analizamos cómo estos desafíos invisibles están transformando la forma de entender la salud laboral en las empresas.

¿Cuándo fue la última vez que revisaste si tu silla de la oficina tenía cinco ruedas? No, no nos hemos vuelto locos; tiene todo el sentido con lo que te quiero contar. Tradicionalmente, la Prevención de Riesgos Laborales (PRL) se enfocaba en evitar el daño físico: el clásico tropezón en la escalera o el dolor de espalda por una mala postura. Sin embargo, el entorno digital en el que vivimos ha cambiado las reglas del juego. Hemos pasado del golpe con moratón a un enemigo invisible que se cuela silenciosamente en el cerebro, a través de la saturación digital, el bombardeo de notificaciones y nuestro progresivo aislamiento de la realidad

El resultado ya no es una pierna rota; ahora se manifiesta en forma de insomnio, tecnoestrés y soledad digital.

La digitalización ha traído consigo herramientas fantásticas, nuevas formas de trabajar como el teletrabajo, pero también patologías que ya no se curan con una venda y de las que a veces, ni somos conscientes.

¿Te suena alguna de estas situaciones? Quizás estás experimentando tecnoestrés, que ocurre cuando la tecnología te domina y vives pegado a las pantallas; un ejemplo es cuando respondes correos de trabajo en tu móvil mientras cenas con tu familia porque sientes que debes estar disponible 24/7.

También es posible que sufras de burnout, lo notas cuando pasas horas sentado frente a la pantalla intentando redactar un informe sencillo que antes hacías en veinte minutos, pero tu mente está completamente bloqueada y eres incapaz de concentrarte. Sientes una profunda apatía hacia tareas que antes te entusiasmaban y, al terminar el día, te invade una sensación constante de frustración e ineficacia, sintiendo que trabajas muchísimo pero que nada de lo que haces es suficiente o realmente importa.

O tal vez vives en el aislamiento digital, donde la desconexión humana es total; se refleja perfectamente cuando ya no conoces la cara de tus nuevos compañeros/as porque has sustituido las charlas de café por videollamadas con cámaras apagadas y chats de texto fríos.

Son cambios que están transformando por completo las empresas y nuestro día a día en ellas y a veces ni somos conscientes.

Los números no mienten: la salud mental está en números rojos

Esto no es una simple percepción o una moda para rellenar informes de Recursos Humanos; es la radiografía real de un colapso laboral donde los datos asustan más que cualquier auditoría.

Actualmente, las estadísticas oficiales demuestran que lo que pasa por nuestra mente determina por completo nuestro bienestar físico, hasta el punto de que los trastornos mentales ya se consolidan firmemente como la segunda causa absoluta de baja laboral en España. Este problema representa el 17,86% de los días perdidos en las plantillas y se sitúa solo por detrás de los problemas musculares y óseos (la primera causa de bajas laborales).

Hemos alcanzado un récord histórico que roza los 671.618 procesos anuales de bajas por salud, lo que supone un incremento superior al 136% en la última década respecto a 2016. (Datos UGT, 2025)

Este aumento brutal de la ansiedad queda reflejado en los datos del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), los cuales revelan que los diagnósticos por estrés grave han crecido un 230% y la ansiedad un 120%, alertando además de que las bajas por síntomas emocionales se han disparado cerca de un 490% en los últimos años.( cifras oficiales difundidas por el INSST, periodo 2018–2024).

Y como dato curioso, se ha visto que este repunte afecta de forma desproporcionada a la «Generación Quemada», compuesta por la Generación Z y jóvenes profesionales de entre 25 y 35 años, quienes registran tasas de absentismo por ansiedad muy superiores a las de cualquier otra franja de edad, según el Informe de Salud Laboral de UGT.

Para colmo, la recuperación es exasperantemente lenta, ya que un proceso por salud mental requiere una media de 167,9 días de recuperación. El panorama es cuanto menos preocupante.

En términos de costes, los datos indican que la tasa de absentismo cerró el pasado año 2025 en un máximo histórico del 7,68% del total de horas de trabajo acordadas por contrato, confirmando la tendencia al alza iniciada en la década anterior (cuando la incapacidad temporal se situaba en el 2,9% en 2014). Este escenario representa un impacto económico que ya supera los 33.000 millones de euros anuales en España. Si tenéis curiosidad para ampliar datos sobre este punto, super recomendable estos dos artículos.

Más allá de los números, la conclusión es clara: el entorno laboral está cambiando. Y la salud mental ha pasado de ser una necesidad real y obligatoria para el funcionamiento de cualquier empresa.

Lograr este equilibrio requiere un esfuerzo conjunto. Por un lado, las empresas tienen la obligación de crear espacios más humanos, creando entornos de trabajo más saludables, que mitiguen el desgaste y los riesgos psicosociales. Por el otro, nosotros como trabajadores debemos ser conscientes de la importancia de parar, desconectar y priorizar nuestro propio bienestar en el día a día.

Porque sí, está bien preocuparnos por si la silla tiene cinco ruedas… pero quizá deberíamos prestar un poco más de atención a lo que pasa dentro de nuestra cabeza.

Y es que las cifras lo dicen todo: la salud mental ya no es una tendencia “moderna” en prevención, sino una necesidad real para que la empresa y las personas que la forman pueda seguir funcionando.

La buena noticia es que cada pequeño gesto cuenta. Cuidarte tú, también es cuidar el equipo, el trabajo y el futuro.

¿Tenemos trato?

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